Sin querer entrar en contenidos especialmente científicos ni sesudos, nos gustaría hablar de cómo afecta la temperatura ambiente en las bacterias, especialmente en su crecimiento.

Todas las bacterias siguen un mismo patrón: tienen una temperatura óptima de crecimiento en torno a la cual la velocidad de multiplicación es máxima (siempre que tengan agua y alimentación suficientes, lo cual no es mucho para una bacteria). Según nos vamos alejando de estas temperaturas, la velocidad de multiplicación decrece. En función del rango de esta temperatura óptima de crecimiento podemos clasificar a las bacterias en:

–          Termófilas con una T° óptima entre 50°C y 60°C.

–          Mesófilas con una T° óptima entre 20°C y 40°C (estas son las más comunes en humanos).

–          Psicrófilas con una T° óptima entre 5°C y 15°C.

Las bacterias mesófilas son las causantes de todas las infecciones que nos ocurren a las personas, puesto que nuestra temperatura corporal, alrededor de los 37°C, es su temperatura óptima de crecimiento y dentro de nosotros encuentran agua y alimento. En estas bacterias, cuando las temperaturas bajan, llegará un momento en el que dejan de dividirse, pero no llegan a morir. Esto significa que seguirán estando ahí si no hay un elemento externo que las elimine, como por ejemplo un desinfectante. Cuando las temperaturas aumentan por encima de la temperatura óptima de crecimiento, también va disminuyendo la división  bacteriana; sin embargo, en este caso llega un punto en el que las bacterias mueren debido a la desnaturalización de las moléculas que lo componen y la rotura de la membrana que las rodea.

Esto afecta al número de bacterias que puede haber en una superficie determinada. Y tiene relación directa con la potencialidad de infección de esa colonia bacteriana, si entrara en contacto con una vía de entrada en el cuerpo de una persona o animal. Además, se ve afectado por la situación interior/exterior de la colonia bacteriana, dado que en el exterior de muchos edificios la temperatura ambiente está influida por los cambios estacionales (por eso en verano se producen más infecciones e intoxicaciones alimentarias). En el interior de muchos edificios tenemos la temperatura y humedad controladas, por encima de los 20°C y más de un 30%H.R., por lo que estamos dando a las bacterias las condiciones necesarias para su proliferación.

Como vemos, tenemos motivos más que suficientes para desear que la limpieza y la higiene de los establecimientos públicos sea la adecuada y que esté controlada.