El 50% de los antibióticos suministrados mundialmente son usados en animales para tratar o prevenir infecciones e impulsar el crecimiento y así, los beneficios económicos. ¿Pero, cuales son las consecuencias en la salud humana?

Todos los seres vivos están colonizados por bacterias comensales, es decir, bacterias no dañinas para la vida e incluso, beneficiosas para los distintos procesos corporales. Cuando un animal o un ser humano reciben un tratamiento con antibióticos, muchas de estas bacterias mueren, sin embargo, otras son capaces de resistir el antibiótico y sobreviven. El resultado es que existe una gran proporción de animales vivos que contienen en su intestino bacterias resistentes a los antibióticos lo que a largo plazo puede derivar en infecciones cada vez más difíciles de curar. Además, se debe tener en cuenta que estas bacterias son excretadas junto con las heces, de manera que con el uso de abonos entran en la cadena alimentaria y llegan hasta el ser humano.

En muchos países, el consumo de carne poco cocinada o cruda lleva a la existencia de procesos infecciosos por bacterias resistentes como la archiconocida Eschericia coli, es por ello, muy importante el cocinado de los alimentos y la higiene cuando se manipulan, ya que este tipo de bacterias es de fácil transmisión dejando consecuencias graves en la salud.

Tratamiento con antibióticos en criaderos

Hacia 1960, se elaboraban informes en los que se mostraba que la cantidad de bacterias resistentes presentes en animales destinados al consumo humano crecía de manera muy rápida pero, en ese momento, no supuso un problema ya que salían al mercado antibióticos mejorados cada pocos meses. Sin embargo, a partir de 1980 y en los últimos años se ha reducido drásticamente el descubrimiento de nuevos antibióticos y el número de pacientes que presentan resistencias a los mismos crece cada vez más.

La mayoría de animales criados de manera masiva reciben tratamientos con antibióticos siendo la carne de pollo, cerdo y conejo en las que se han encontrado mayores niveles. En 2014, la asociación de consumidores francesa «Que choisir» encontró pavos con bacterias resistentes a cefalosporinas de tercera generación que deben ser protegidos como última línea de defensa cuando otros antibióticos han fracasado en los seres humanos. Gracias a una serie de medidas implantadas contra el uso de antibióticos en animales, se han rebajado los niveles de este tipo de bacterias de manera prudencial, pero existen otras maneras para prevenir focos de infección en la cría de animales, siendo el más efectivo la higiene y limpieza cuidadosa de las instalaciones dónde son criados; es muy importante evitar hacinamientos y acumulación de excrementos, ya que son dos factores clave en la transmisión de microorganismos.

La importancia de la limpieza e higiene

Este tipo de medidas de higiene evitarían el uso indiscriminado de los antibióticos y, al igual que se deberían aplicar en las granjas o criaderos, son igualmente necesarias en el destino final de los productos cárnicos: los hogares y sitios de ocio y restauración. Es importante mantener la «cadena de higiene» hasta que el producto final es consumido. No somos capaces de ver este tipo de microorganismos patógenos con nuestros propios ojos, ni somos capaces de saber si poseen mecanismos de resistencia. Lo que sí podemos hacer es mantener en un estado óptimo las condiciones de limpieza e higiene en casa. Y exigirlas en cualquier establecimiento al que vayamos a comer, mediante un certificado de higiene, por ejemplo.

En definitiva, debemos ser prudentes a la hora de utilizar los antibióticos contra las distintas infecciones existentes, ya que aunque no podamos observar los microorganismos a simple vista, éstos son temibles debido a  su capacidad para evolucionar y resistir los antibióticos.

 

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